Anarquía
y longevidad
Jorge Rodríguez
Para
México, 1988 ha sido un año
caliente en lo político. Los gobernantes
no duermen tranquilos; las camisas pardas
de la CTM agreden a las costureras, las camisas
rojas del CBU arrebatan pírricamente
el micrófono al Rector de la Universidad
Nacional. Una vez más, la mesa está
puesta para alertar a la población
contra el caos y la anarquía. Sembrando
miedo para cosechar nuevas generaciones de
ciudadanos pasivos.
Es
obligado contrainformar: la anarquía
es un arte, un bello elefante rosa; consecuentemente,
el anarquista es un artista, hábil
en domar su impaciencia, aniquilar sus temores
y someter su ambición de poder. Esto
refleja en su buen humor Ricardo Mestre, alias
José Riera. Catalán radicado
en México desde 1939, quien el 15 de
abril próximo pasado cumplió
sus primeros 82 años de vida y, con
emoción de adolescente, accedió
a ser entrevistado por Vía Libre.
Un
prejuicio extendido, es el de considerar al
anarquista como una persona frustrada, agobiada
por el resentimiento. ¿Crees que esta
apreciación tiene validez?, le pregunto
a Mestre.
Bueno,
los interesados en desacreditar una corriente
ideológica inventan veinte mil cosas.
Hablando por mi experiencia, te puedo decir
que a mis años, y durante toda mi vida,
he sido un hombre feliz. No estoy frustrado,
soy optimista, un anarquista natural. No por
haber sido adiestrado doctrinalmente por los
teóricos anarquistas, sino porque conviví
con ellos desde que era un niño.
Primeramente,
fui tolstoiano sin conocer a Tolstoi. También
influyó mucho en mí un bohemio
catalán llamado Pompeo Gener, que nunca
fue anarquista, sólo un rebelde y ya.
El escribió un libro en Francia que
se titula La Muerte y el Diablo. De este libro yo acepté un
pasaje que ha sido la inspiración de
mi anarquismo y cuya idea te sintetizo en
seguida: la vida tiene un límite, es
decir, nacimiento y muerte es un espacio de
tiempo que tenemos para vivir. Lo podemos
llenar de emociones y sensaciones agradables
o de porquería, pero es muy corto.
Que se dé cuenta la gente que el tiempo
de vida es muy corto y hay que aprovecharlo.
La única manera de aprovechar es no
siendo autoritario, ni haciendo pendejadas,
comportándose honestamente, criticando
las injusticias de una sociedad mal organizada
como la que vivimos. Sintiendo placer en esta
forma de conducir la vida. Estamos en un camino
de defectos, pero también de deseos
de perfección. Hay una cantidad de
cosas que ahora funcionan, que son fruto
de generaciones anteriores a las que no
podemos agradecérselos, como el hecho
de que me puedas entrevistar sin temor, a
pesar de que la democracia de aquí
es muy podrída. Empero, podemos hacer
algo por las generaciones futuras en este
espacio de tiempo, para vivir con emociones
elevadas y no hacer más porquerías.
Esta es mi posición anarquista fundamental.
Por
lo que expones, ¿se puede afirmar que
la anarquía no está contra el
mundo?
En
primer lugar, quiero decirte que la anarquía
no está definida. No quiere estar contra
el mundo, ni contra nadie. Se exprese desde
el punto de vista etimológico, la anarquía
es simplemente no gobierno. Por lo tanto,
no puede ser ni imposición, ni promesa.
Según Eliseo Reclus, la anarquía
es la máxima expresión del orden
basado en cosas naturales, sin coacciones
ni violencias.
Es
cierto que hubo algunos elementos exaltados
que se decían anarquistas y se empeñaron
en vincular al anarquismo con las bombas y
la violencia, pero el anarquismo es lo contrario
precisamente. Ni las bombas, ni los sables,
ni las metralletas contribuyen a hacer algún
bien a la humanidad.
En
medio de la entrevista disparo el clic de
la cámara, lo que no deja de poner
nervioso a Mestre. Le pido que siga hablando
mientras tomo otras fotografías. Su
despacho de la calle Morelos, atestado de
libros, papeles y polvo acoge su voz animosa.
Ricardo habla de la izquierda mexicana, de
las dictaduras en América Latina y
el Caribe, de pintores como Gironella y Vlady,
también de su amistad con Octavio Paz
y Gabriel Zaid. Pero el centro de la entrevista
es él.
Finalmente,
quisiera que nos dijeras a qué se dedica
un anarquista.
Coño,
pues he sido desde albañil, tejedor,
chofer, pasando por el oficio de crítico
y abarrotero del arte, hasta librero y editor.
¡ Uf! He hecho una cantidad de cosas.
Ya
viviendo en México me aconteció
corregir el libro de Trotsky Su
Moral y la Nuestra en su primera edición
castellana- sin tener yo muchos conocimientos
gramaticales. Dentro de mi labor editorial
fundé ediciones Minerva, que puso en
circulación más de doscientos
títulos de diversos autores. He impulsado
las revistas Estudios Sociales, Caos y
actualmente el colectivo Testimonios.
Tenemos en marcha una nueva edición
de Artistas y Rebeldes, así
como de Nacionalismo y Cultura, de
Rudolf Rocker. En fin, te podría decir
que como anarquista la actividad a que más
me he dedicado ha sido la de sembrar ideas.